«Escríbeme un correo para un cliente» es una petición tan abierta que casi cualquier respuesta sería válida… y casi ninguna te servirá tal cual. Un asistente de IA no conoce tu negocio, tu cliente ni el contexto de la conversación a menos que se lo cuentes. Dedicar un minuto al encargo ahorra diez de correcciones.
1. Qué necesitas exactamente
Nombra el formato: un correo, una respuesta de WhatsApp, una ficha de producto, un aviso para la web. No es lo mismo un mensaje de tres líneas que un texto de presentación.
2. Para quién es
Un cliente habitual, un proveedor, alguien que te escribe por primera vez. El destinatario cambia el tono, el nivel de detalle y lo que puedes dar por sabido.
3. Qué quieres conseguir
¿Que el cliente reserve? ¿Que el proveedor confirme una fecha? ¿Disculparte por un retraso? Un objetivo claro evita textos correctos pero inútiles.
4. Los datos que no se pueden inventar
Precios, fechas, horarios, nombres, condiciones. Dáselos tú. Si falta alguno, pide que lo marque como pendiente en lugar de rellenarlo.
5. El tono
«Cercano pero profesional», «tuteando», «sin emojis». Mejor aún: pega un texto tuyo que te guste y pide que se parezca.
6. Los límites
Extensión máxima, cosas que no quieres que se mencionen, promesas que no puedes hacer («no ofrezcas descuentos»).
Plantilla rápida
Necesito [formato] para [destinatario]. El objetivo es [resultado]. Datos: [datos]. Tono: [tono]. No menciones [límites]. Si falta algún dato, márcalo entre corchetes.
Y después: revisar con criterio
Lee el borrador como lo leería tu cliente. Comprueba cada dato, elimina lo que suene a relleno y pregúntate si responde a lo que se pidió. Un buen encargo reduce el trabajo, pero la responsabilidad del mensaje sigue siendo tuya.